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OPINION

¡Alcohol, alcohol, alcohol...!, nuevo artículo de Manuel García Mata

  • Fecha : 09/03/2017

¡Alcohol, alcohol, alcohol...!, nuevo artículo de Manuel García Mata


¡Alcohol, alcohol, alcohol…!

El tan manido y vergonzoso slogan, cantado a voz en grito por una muchedumbre de despendolados, viene a mostrar una cruda realidad que se manifiesta continuamente en nuestra sociedad. El alcohol, inherente a las relaciones sociales en nuestro país, desde hace muchísimos años viene dejando una enorme cantidad de secuelas que se realzan en los daños producidos en las mismas personas consumidoras. Bien es cierto que, como es idea general, el uso de la mayoría de las substancias de forma prudencial no debe suponer nunca un peligro y en quien consume está su autocontrol. Es en el exceso donde se produce el riesgo y solo el conocimiento de las consecuencias determinará que se pueda anticipar una disposición crítica a la ingesta de determinados productos.

No cabe duda que la incidencia del sistema educativo en la prevención de estos problemas es fundamental para que la información llegue a las personas de una manera organizada, con abundante base documental y con el filtro de alguien responsable como es el caso de quienes educan. También es vital que la familia enfrente este tipo de problemas con el máximo rigor y ponga a disposición de la juventud todas las experiencias propias y ajenas que pueden ayudar a que se les informe con realismo.

Pero qué ocurre cuando el entorno que rodea a la persona joven propone con su actitud la postura opuesta a todo esto que pretendemos. Claramente el grupo donde se mueven condiciona de forma muy evidente el comportamiento de sus miembros y por eso, olvidándose de todo aquello que se conoce en este campo, la persona joven entra en la dinámica del consumo frenético de alcohol y otras substancias.

El sábado 4, última noche de carnaval en Rota, fuimos testigos de un hecho que nos llamó poderosamente la atención. Un niño en torno a doce o trece años como mucho, caminaba entre otros, mayores que él, con un vaso de cuba libre en la mano y con los ojos vidriosos, absolutamente perdidos, el resto del grupo que se pasaba los vasos, marchaba con total naturalidad sin dar importancia alguna al caso. Metros más allá advertimos la presencia de un coche de la policía local a quienes informamos del hecho y ellos mostraron un gran interés, soy consciente de que harían todo lo posible por solucionar el tema, si bien no es fácil de localizar a nadie entre tanta gente como disfrutaba del carnaval en la zona.
Son muchos los casos en que gente tan joven sufre las graves consecuencias derivadas de la ingesta de alcohol que lleva a estos estados lamentables. Se conocen casos de intoxicaciones, que terminan en comas etílicos, llegándose al extremo en ocasiones de muertes por sobredosis de alcohol. Decir que la sociedad se desentiende del problema sería una irresponsabilidad y ademas falso, la ley es clara y el consumo en la calle de alcohol, como la venta de estos productos, o bien están prohibidos o bien tienen limitaciones que pretenden proteger en especial a gente menos preparada por su edad y condición física a soportar los efectos. El problema se agrava porque estas medidas son rechazadas por gran parte de nuestra sociedad que trata con cierta benevolencia estos casos sin reparar en las trágicas consecuencias que pueden causar, de las que después todo el mundo se lamenta. Ante esto, muchas de las autoridades que nos rigen, hacen de forma inconsecuente cierta dejación de sus responsabilidades en aras de no recibir el rechazo de posibles votantes y no ejercen sus obligaciones con el rigor que la ley les permite y les obliga. ¿No son notorios múltiples casos de consumo de alcohol en la vía pública con el consentimiento tácito de quien debiera evitarlo? ¿No hay una ley que prohíbe vender alcohol a menores? ¿No sabemos todos que esto no es óbice para que les llegue a estos adolescentes? Hay que ser enérgicos con quienes se lo proporcionan; un adulto está cometiendo un delito, sea quien lo vende, sea el amigo o la amiga quien se lo compra. Las autoridades tiene que actuar con decisión y de no ser así que sepan que son responsables de no poner los medios que la ley les permite. A nadie creo que le apetezca ser consciente de que una dejadez propia es la causa de una desgracia ajena.

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