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OPINION

¿Qué futuro nos espera?, nuevo artículo de Manuel García Mata

  • Fecha : 07/03/2016

¿Qué futuro nos espera?, nuevo artículo de Manuel García Mata



Si alguien pensó que el interés por la política había desaparecido es que no tuvo en cuenta que en este país el factor sorpresa desestabiliza todas las previsiones ¿Se habían seguido alguna vez con tanto interés los procesos de investidura? Por cierto, los debates, en especial el primero, no defraudaron lo más mínimo.

Quiso el Sr. Sánchez mostrar su cara amable y como si una profunda metamorfosis lo hubiese transformado en persona educada y correcta, ofreció una actitud de lo más conciliadora en su discurso de investidura, muy lejana de la agresividad impertinente e irrespetuosa exhibida en el famoso debate a dos del final de campaña; pero como la mente, sobre todo la de las buenas gentes de nuestro país es tan olvidadiza, ya nadie recuerda las acritudes pasadas. Del Sr. Rajoy, que quizá no hubiera diluido en su memoria el recuerdo de la citada confrontación, se puede decir que ofreció una actuación de lo más brillante (¡Y mira que me molesta coincidir con “Don Pantuflo” Inda!); el presidente en funciones ejerció de gallego socarrón y dio una verdadera lección de dialéctica parlamentaria, llena de cinismo y sarcasmo, pero muy efectista, no exenta de provocación y desprecio al contrario, pero que cumplió con creces el objetivo pretendido. El Sr. Iglesias, brillante y contundente en esta primera intervención, dejó muy claras las ideas del grupo que representa y pasó con excelencia su primer examen. El Sr. Rivera, a quien habrá que considerar como el que mejor supo salir del embrollo que le ha llevado su voluntad de pactar en una tierra donde no acostumbramos y que, incluso somos capaces de discutir a voces hasta por defender la marca de desodorante que usa cada uno, estuvo muy acertado en su búsqueda de reivindicar para sí la herencia de Adolfo Suárez. Del resto, mucho habría que decir y destacar algunas excelentes intervenciones, pero como las opiniones siempre se tiñen de las simpatías ideológicas evitaré pronunciarme, pues en estos casos la subjetividad abunda tanto en el emisor como en el receptor.

Otra cosa fueron las réplicas donde el discurso ya no va preparado y a la hora de improvisar la fama de la agilidad mental del político español brilló por su ausencia. Es en estos momentos, cuando se emplea cada cual para desarmar los argumentos contrarios, que se exhibió lo peorcito de cada uno. Era la hora de buscar las cosquillas y sacar la faca ideológica para rematar al otro, es el punto en que se ataca acusando hasta de las más bajas pasiones y es cuando se puede esperar todo. Poco edificante el espectáculo, pues quien no cayó en la pelea, se perdió en repetir hasta la extenuación los argumentos que estamos cansados de escuchar sin más convicción que la propia.

Lo que nos ha llevado todo esto es a lo que se preveía desde el momento del escrutinio el 20-D. No hay solución porque no hay voluntad y todo estos movimientos, incluido el paripé de la investidura no dejan de ser lo archirrepetido: Conseguir una buena posición en el proceso para que en las inminentes elecciones se beneficien los intereses partidistas. Lo peor es que las previsiones no son nada halagüeñas y es casi inevitable que nos encontremos en Septiembre, en una situación muy parecida a la actual. Este país necesita que se forme gobierno, pero no ha demostrado nadie interés por conseguirlo. ¡ Qué lejos queda aquello de los días posteriores a las elecciones en los que la gente se hartaba de repetir que no les quedaba más remedio que ponerse de acuerdo! Pues mira por donde han demostrado que son capaces de hacer lo contrario. No era esta mi opinión, pero ya sé que soy de los raros y quizás sería muy posible que me equivocara.

Llegados a este punto, cuando las cosas no tienen solución es cuando se nos vienen a a la cabeza las mejores ideas. El sistema de designación queda de lo más espectacular y va sobrado de solemnidad; pero si el formato, tan bonito él, fuera como el que se utiliza para la elección de alcaldes el problema estaría resuelto a los diez días de los comicios. Imagínense, cada grupo, solo o en coalición, presenta su candidatura; no haría falta más que un día, o dos si se quiere, para que las televisiones rentabilicen sus inversiones. Pero como las soluciones lógicas son las que lógicamente menos se escuchan... allá ellos. ¡País!

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