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OPINION

Aylan Kurdi, nuevo artículo de Manuel García Mata

  • Fecha : 09/09/2015

Aylan Kurdi, nuevo artículo de Manuel García Mata


Mi querido Aylan:

Cuánto cuesta escribir una carta cuando la persona a la que te diriges no la va a poder leer, ni nadie se la podrá contar al oído. Te juro, Aylan, por lo que más quiero que no sé lo que ofrecería porque te pudiese llegar; que escuchases las reflexiones torpes de alguien que se siente profundamente conmovido por tu desgracia y que, pasada casi una semana de tu tragedia, no puede evitar emocionarse cuando vuelve a mirar tus fotos o lee alguno de los cientos de escritos que, en tu memoria y de gente como tú, se han publicado. ¡Qué daría yo porque, desde cualquiera de esos mundos prometidos, el paraíso, el cielo, el eden, el walhala,... me estuvieras viendo feliz riéndote de mi ignorancia!

Ahora poco más se puede hacer por ti que recordarte para siempre; ¿Siempre? Falsa palabra que se pierde pronto en el olvido y el género humano olvida voluntaria o involuntariamente.

Quiero, sin perder la calma que no sé cuánto voy a mantener, decirte que me duele tu pérdida, que es injusto que una sonrisa que llena las imágenes familiares que impúdicamente hemos visitado queriendo saber algo más de ti, luminosa, bella, radiante de felicidad, se haya truncado, fruto de la intransigencia y del egoísmo de este mundo. ¿Es que ni esa risa tan bella era suficiente para hacer desistir a la muerte que te llevó?

No puedo en forma alguna dejar de rememorar lo que pudieron ser tus últimos momentos. ¿Cómo entender cuando el mar te engullera, que tu pequeña mente infantil comprendiera que es lo que te pasaba y qué sería de ti? ¿Qué podrías pensar cuando la muerte te arrancaba el último aliento? ¿Es admisible que nada se pudiera hacer por ti?
Sin ánimo alguno de molestar ¿Dónde estaban estos seres todopoderosos que no te echaron una mano para evitar tu muerte?

Después, tu cuerpecillo inerte sobre la playa con las olas del Egeo, otro hijo más del Mediterráneo, acariciándote con dulzura. ¡Qué dolor y qué dureza contemplar la fotografía de tu fin y de nuestra desdicha! Pero ¡qué digno y qué humano el policía que recogió con todo el amor y el mimo posible tu pequeña humanidad dormida para siempre y depositar con ese cuidado exquisito tu cuerpo en zona más íntima lejos del mar, del causante de tu muerte.

Y si tú no fuiste capaz de comprender lo que se te echaba encima con crueldad y sin esperanza, ¿qué podría sentir tu hermano Galip, algo más mayor que tú, dos añitos, y que seguro que si supo que aquello era el fin, el suyo y el de ese hermano, que eras tú, con quien tan felices se os veía en las fotos que os han puesto a los ojos del mundo?

De lo que estoy convencido es que Rehan, tu pobre madre, le importó muchísimo menos perder su vida que haberos perdido a vosotros. ¿Se puede perder a unos hijos y encima de esta manera?

Ella murió con más dolor por vosotros que por su fin ¿Tendría sentido sobrevivir a tus hijos?
¿Y Abdullah? Tu padre, sí ha sobrevivido, pero para qué. ¿Para culparse de haber decidido sacaros de ese infierno y perderos a los tres en la última etapa? La Isla de Kos, tan cercana no lo fue lo bastante para que pudiérais llegar y ser al menos otra de las miles de familias que deambulan por la Vieja Europa, la cerda egoísta e inhumana Europa, la gran Mentira, que en lugar de ofreceros con los brazos abiertos su amparo regatea los cuotas de refugiados a recibir.

Tú, que venías de donde nació la civilización, y que en cambio tu mundo hoy no es más que una sangrienta orgía de sufrimiento, frustración y sometimiento. Además, hijo de uno de los pueblos más castigados, más perseguidos y para quienes nadie mueve un dedo por buscar soluciones: el heroico pueblo kurdo, a quienes ninguno de sus vecinos han mostrado ni el mínimo reconocimiento. Eso sí, cuando a los caciques occidentales les conviene para sus propios intereses bien que los implican, usando su gente como fuerzas de choque. No quisiera derivar en temas que hoy me alejen de lo que hoy es importante.

Si te hablo con ingenuidad te contaré que tu muerte no ha sido en vano (¿No es vana, irracional y absurda tu muerte? No sé a qué viene ponerte argumentos manidos y estúpidos que a nadie convencen por mucho que se repitan) Como te decía por aquí se cuenta eso, que el impacto que tu imagen ha provocado, parece que ha limado parte de los crueles prejuicios de nuestros gobernantes y por fin, se recibirá, como era nuestra obligación, a quienes huyendo de la guerra, de la que tu familia huía. ¡Ya lo podían haber hecho antes y tu no habrías muerto! Tu muerte, como las de otros miles, llama a las conciencias de todos estos indeseables que se han opuesto a recibiros. Deseo que sus dioses se lo echen en cara y les hagan llevar el arrepentimiento de por vida, aunque esta gente no es fácil que conozcan lo que es el sentimiento de culpa. Que no se me olvide decirte que entre los malnacidos que os ven con malos ojos ha habido uno, que por cierto es ministro, Fernández Díaz, que os comparaba con las goteras; también he escuchado las declaraciones terroríficas del fascista que los húngaros han elegido como primer ministro, Viktor Orban, el descerebrado ese que argumenta que esta masacre de personas que huyen del infierno vienen a imponer su islamismo para quebrar los pilares cristianos de Europa, y otro, más abyecto si cabe, Peter Bucklitsch, diputado conservador euroescéptico británico, que culpaba de tu muerte a la codicia de tus padres por querer la vida de Europa; tampoco los responsables canadienses de negaros el asilo han de irse de rositas.

No todos han sido así. El mundo llora por ti y te comentaré, que hubo quien te hizo un bellísimo poema, que te da un adiós muy sentido; se llama Teresa Guerra García y no creo que sepa cuánto se lo agradezco
Va siendo hora de decirte adiós, pequeñin Aylan. Te vuelvo a jurar que no será fácil que tu imagen, en especial la de esa sonrisa maravillosa que te iluminaba, se me borre de la memoria; aunque ahora me dedique a cambiar la fotografía de Galip y tuya, con esas caras donde reinaba la alegría de dos niños, del escritorio del portátil y el dibujo que tan lindo te mostraba con el barco de papel del avatar de facebook, antes quité tu primera foto de ambos sitios; prefiero que la imagen que me quede sea de tu vida, la otra es demasiado dolorosa.

Qué me gustaría creer en lo que me resulta imposible y decirte, Aylan Kurdi, Salam Aleikum, que tu Dios te acoja en su seno.

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