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OPINION

Las Hadas del Hospital de Día, nuevo artículo de Manuel García Mata

  • Fecha : 19/12/2014

Las Hadas del Hospital de Día, nuevo artículo de Manuel García Mata



Llega la Navidad y es tiempo de que rindamos cuentas de lo que el año que termina ha supuesto para nosotr´s. Puede que ahora vengan a la memoria muchos sucesos que nos han parecido de transcendental significado, pero muy a menudo no es lo más sonado lo realmente importante para quien reflexiona sobre estas cosas.

En mi caso lo más destacable no ha sido para nada ningún suceso de interés mundial, ni nacional, ni siquiera de Rota; lo más relevante ha sido la aparición en mi familia de una de las enfermedades más temidas. Mi mujer padece un cáncer y lo han descubierto este año.

No voy a explicar porque no creo que sea necesario dar más razones de lo que esto supone.

En cambio, sí me gustaría tratar de exteriorizar lo que de positivo se puede extraer de algo tan dolorosamente trágico. Una vez conocida la aparición de la enfermedad y rotas una a una las esperanzas de lo que tanto se teme no se haga realidad, no queda otra que afrontarla con todo el ánimo que un´ pueda sacar de donde no es fácil.

El paso siguiente consiste en hacerle frente a la adversidad y tratar de caminar con paso firme en busca de la superación de la enfermedad. Desgraciadamente hay much´s que se quedan en el trayecto, pero aunque solo sea por honrar a quienes no lo superan, la motivación de seguir adelante se convierte en obligación para todos aquellos que empiezan. Pero esta es una lucha muy dura y precisa de que, como dice la canción que suelen cantar los aficionados del Liverpool, “You´ll never walk alone (Tú nunca caminarás solo)” y ahí es donde de verdad se conoce a la gente que rodea a la persona enferma.

Tanto para la medicina oficial como para la medicina alternativa hay algo más que el tratamiento: el ánimo de la persona enferma y el apoyo incondicional del entorno. Entre las muchas alegrías que nos hemos llevado mi familia en medio de tanto dolor y preocupación, ese cariño de las personas que nos conocen está siendo arma fundamental en la pelea cotidiana.

¿Y cuando el ánimo viene de alguien que apenas te conoce? Desde que el cáncer apareció en nuestra vida, la respuesta del personal sanitario ha hecho saltar por los aires todos los estereotipos sobre la actitud emocional que ante esta circunstancia creíamos que se producía.

Sería injusto olvidar a tantas personas tan eficientes, tan profesionales y tan humanas con quienes hemos tenido la ocasión de ir conociendo los avatares de este proceso. Por este motivo no voy a citarlas una por una, pues no tendría perdón que se quedará alguien sin mención; para eso esta la trampa de la referencia al colectivo, si bien en este caso no seremos capaces de expresar con palabras tantos méritos
como atesoran.

Pero, a pesar de la generalización, no puedo pasar por alto mencionar con todo el cariño y el máximo reconocimiento al doctor Francisco Javier Gil Quirós, ángel disfrazado de médico cirujano que se encargó de realizar las dos intervenciones que necesitó mi mujer y el seguimiento de la evolución de las mismas, y al doctor Rubén del Toro, oncólogo que dirige el proceso de curación y dispone y supervisa el tratamiento.
Dejo para lo último a quienes voluntariamente he silenciado hasta ahora con objeto de que el final de estas letras den el mejor intencionado colofón a este escrito. Me estoy refiriendo a las Hadas del Hospital de Día, a las enfermeras que se ocupan de suministrar el tratamiento de quimioterapia: Marigel y Tamara, que no se limitan a su función. Esa amabilidad con que tratan, ese ánimo que contagian, esa alegría que irradian, esa confianza que generan, esa humanidad que desprenden, se traducen en la existencia de un clima amable y distendido que desdramatiza cuanto puede la crueldad de la enfermedad y la dureza del tratamiento.

Como si antes de empezar el arduo cometido que deben desempeñar, que las ocupa el tiempo sin apenas respiro, hubieran sido bañadas en el polvo mágico de su imaginaria varita de hadas protectoras, abren ante los enfermos una aureola de energía positiva que rezuma por todos los rincones del Hospital de Día, en tanto que, con todo diligencia y todo el cariño, dispensan amor, quimio y empatía a quienes con tanta necesidad lo esperan.
Sirvan estas líneas como mi más sentido homenaje y mi eterno agradecimiento por lo que hacen por todos, y en particular, por mi mujer, que con su valor y el ánimo de gentes como las Hadas del Hospital de Día, están viendo más cerca el camino a la salida.

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